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El viaje de Chihiro – El alma de la humanidad

cine2El Viaje de Chihiro es una fabulosa obra del mago de la animación Hayao Miyazaki que ha recibido grandes premios como el Oso de oro en Berlín o el Oscar a la mejor película de animación. En esta historia genial, que a veces no sigue una línea lógica clara, encontramos una serie de valores vocacionales para ser tratados con todos los públicos. El hecho de que sea una película de animación no quiere decir que quede reservada a los más pequeños.

 

Después del prólogo, nos encontramos con Chihiro, una niña algo mimada que se enfrenta, en un mundo fantástico, a un gran problema: salvar a sus padres que se han convertido en cerdos con el riesgo de quedar ella convertida también en animal. En cierto modo es una misión de redención y salvación, puesto que se trata de rescatar a sus padres. ¿Será capaz de hacerlo?

 

Es curioso que en este mundo de dioses y semidioses, Chihiro sea rechazada por ser humana. Algunos no soportan incluso su olor. Sufre además el desprecio de Kamaji y de la bruja Yubaba cuando les pide trabajo. Chihiro es calificada de debilucha, enclenque, perezosa, mimada, quejica, tonta… Pero ella es también cabezona y, después de tanto insistir, consigue el trabajo. Esta insistencia en la manifestación del amor hacia sus padres. Pero, como le avisó Kamaji, tendrá que trabajar duro para no convertirse en animal y para que la bruja Yubaba no pueda hacerla daño. Se resalta pues la importancia del trabajo y la necesidad del sacrificio personal. En este sentido, Hayao Miyazaki comenta: “Enfrentada a una crisis, emerge la luchadora que se esconde dentro de Chihiro. Empieza a destacar su capacidad de adaptarse y evaluar la situación. No quería que fuese una heroína perfecta. Su encanto procede de su corazón y de la profundidad de su alma”.

 

Efectivamente, Chihiro no sólo tiene que realizar un trabajo físico, sino también interior. Para realizar su misión, tendrá que renunciar a su pereza y sus caprichos; tendrá que enfrentarse a sus miedos y a su deseo de abandonar. En definitiva, Chihiro tendrá que encontrarse consigo misma y con los valores que hay dentro de ella. Tendrá que redescubrir su identidad.

 

La manera que tiene la bruja Yubaba de controlar a sus servidores es cambiándoles el nombre. El nombre les da identidad. El robo del nombre es el robo de la identidad que hace imposible la huida. Por eso no hay que olvidarlo como le ha pasado a Haku. En cierto modo, Chihiro tiene que ganarse la existencia, el ser, con obligaciones y deberes no muy diferentes de la vida ordinaria, pero que quizás había dejado de lado.

 

Así, Chihiro se descubre capaz de amar y ayudar. Y es precisamente esta actitud la que hace que todo vaya cambiando a su alrededor. Comienza por un pequeño gesto ayudando a un bichito a llevar su trozo de carbón. Sigue ayudando al dios del río (un dios pestilente rechazado por todos). Se sacrifica por salvar a Haku, correspondiendo al amor y a la ayuda que él le había ofrecido primero. Y verdaderamente lo salva, porque finalmente le devuelve el nombre que había perdido. Podremos decir que salva a Yubaba, pues deja de ser una bruja para convertirse en una “abuelita”. Ayuda incluso al dios sin cara que marchaba errante a encontrar un hogar. Conviene resaltar que Chihiro llega a ofrecer a Haku y al dios sin cara el pastel regalado por el dios de rio y que tenía el poder de curar a sus padres. Finalmente, consigue rescatar a sus padres. Sí, Chihiro resulta ser una heroína, no perfecta como nos dice el director, pero sí una heroína encantadora. Y es así como, poco a poco Chihiro va ganándose el respecto, e incluso el aprecio, de todos llegando a ser un modelo.

 

Dos pequeños apuntes más sobre otros elementos secundarios. Primero, el drama de Haku que queriendo aprender la magia de Yubaba, termina haciendo para ella los trabajos sucios, siendo ya un esclavo que ha perdido su identida. Segundo, el misterio del dios sin cara que ofrece todo lo que uno desea. Sólo el amor, el afecto y la inocencia de Chihiro conseguirán aplacar su cólera y hacerle expulsar todo lo malo de su interior.

 

Algunos críticos hablan de “El viaje de Chihiro” como un viaje iniciático. Hayao Miyazaki no opina de la misma manera: “Espero que El viaje de Chihiro no sea considerada un viaje iniciático. Me parece que eso es una moda y una manera de alabar películas que son en realidad una apología de historia de amor. Quería desacreditar esa ridícula idea en El viaje de Chihiro. Al final de la película Chihiro simplemente ha aprendido a tener confianza en sí misma”. Sea o no un viaje iniciático, lo que no ofrece ninguna duda es que Chihiro hace un proceso de maduración a partir de un conflicto que le obliga a desarrollarse y evolucionar.

 

A modo de valoración global, vale este párrafo de JJM: “Describe muy bien la maduración interior de la niña protagonista, desde el egoísmo inconsciente de la infancia a la valiente responsabilidad de la madurez, a través del camino del trabajo bien hecho y de la entrega a los demás en la amistad y el amor. Esta hondura antropológica, muy crítica con el materialismo hedonista, toma forma en una imaginativa pléyade de personajes y ambientes presentados con una resolución visual y musical sencillamente alucinante, en el que hay tragedia, drama, comedia, romance, épica, magia… y mucha poesía”. (Tomado de bloggermania)

 

¿Qué valores vocacionales nos ofrece esta propuesta de Hayao Miyazaki? Encontramos la idea de misión para salvar a los demás (los padres), el trabajo, la ayuda y el servicio, la superación y la madurez personal, la entrega y el compromiso, el amor y la abnegación, y sobre todo la identidad personal… En palabras del director: “La pequeña Chihiro descubre valores como la amistad, la determinación y la disciplina aunque el objetivo de la película no es didáctico. Intenta dar confianza a los niños a la vez que mostrar la importancia de conseguir una buena reputación, un “buen nombre””.

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