You are here: Home > Amistad, Valores > Mary & Max

Mary & Max

En Australia, encontramos a Mary, una niña de apenas unos 9 años, que se definía a ella misma según una peculiar mancha en la frente, que, por cierto, no le gustaba nada. Su padre trabajaba en una fábrica de bolsas de té, mientras que su madre, ama de casa, se pasaba el día cocinando mientras escuchaba la radio y bebía Jerez. Mary se encontraba algo desilusionada porque ninguno de ellos pasaba el suficiente tiempo junto ella, por lo que deseaba encontrar fervientemente un amigo con quién poder compartir las experiencias de la vida, ya que muchas cosas le confundían. Básicamente le preocupaban sus problemas en el colegio, ya que sus compañeros se metían mucho con ella. Siempre que eso sucedía acababa en su lugar secreto, en el que se sentía segura y confiada, debido a lo que entendía, en cierto modo, la sensación que podía tener Max frente al mundo social. A Mary le gustaba mucho ver una serie de dibujos, titulada «Los Noblets», por lo que sus juguetes, que fabricaba ella misma, eran figuritas que representaban a los héroes de dicho programa. Le encantaba comer leche condensada y chocolate mientras veía «Los Noblets». Tenía un gallo como mascota, cuyo nombre era Ethel.

marymax

Por otro lado, a miles de kilómetros de Mary, en Nueva York, vivía Max quien superaba con creces la temprana edad de la niña, ya que tenía 44 años. A él también le gustaban «Los Noblets» y coleccionaba las figuras de sus personajes, pero las originales. Adoraba el chocolate, pero en forma de sustitución a la salchicha en un perrito caliente, y nunca había probado la leche condensada. Tenía como mascota un pez, a quién siempre nombraba como Henry sumado al número romano que correspondiese, ya que tenía que sustituirlo a menudo por uno nuevo porque todos solían morir en extrañas circunstancias. Las repentinas muertes de los animalillos le desorientaban. Añoraba tener amigos, como le pasaba a Mary, pues debido a su condición de Asperger le costaba un poco relacionarse cara a cara con los demás. Era muy sensible a la influencia de los números, y su rutina giraba en torno a ciertas obsesiones como la ropa, pues todo su armario se compone de las mismas prendas, y la lotería, cuyos idénticos dígitos llevaba jugando durante 9 años. A lo largo de su vida había tenido múltiples trabajos, todos ellos diferentes entre sí. Aunque le gustaba cocinar e inventar nuevas recetas, ya que su dieta no estaba compuesta por un menú muy variado debido en parte a su inflexibilidad ante la humanidad, estaba constantemente pendiente de su peso. Para solucionar lo anterior, y otros numerosos problemas, iba a sesiones grupales además de a un psiquiatra individual, aunque ninguna de las anteriores era de su agrado. A veces, como a Mary, le confunde la gente, no entiende el incumplimiento de las leyes, las mentiras, el ruido y las multitudes. Por eso, desearía vivir en la Luna.

Para Max la vida cambiará a partir del momento que reciba de pura casualidad la carta de una niña solitaria en busca de respuestas a una vida muchas veces poco tolerable.
mary-and-max-together
La película liga la imperfección a la incomunicación, y la incomunicación a la tristeza. Quienes tienen una falla, se hallan solitarios. Quienes se hallan solitarios, se encuentran tristes. Y el mayor símbolo que Adam Elliot nos presenta es un detalle en el paisaje que muestra al presentar a Nueva York y a Max. Es la Estatua de la Libertad. A diferencia del monumento verdadero, la Estatua de la Libertad que el director nos muestra en su film es una Estatua de la Libertad deprimida. Tiene el rostro triste. Y más aún: tiene el rostro triste de Max. Es una Estatua de la Libertad imperfecta, solitaria, y triste. El emblema de esa Nueva York blanco y negro que Mary And Max presenta.

Tags: , ,

  • Facebook
  • Twitter
  • RSS

Comments are closed.