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Syriana, de Stephen Gaghan (2005)

“Todo está conectado”. El subtítulo de Syriana muestra que aunque el principal personaje de la película (George Clooney) es un espía —el oficio más solitario del mundo—, sus acciones pueden afectarnos a todos en el mundo globalizado del siglo XXI. Los intereses económicos y políticos en torno al petróleo se enredan hasta configurar una densa trama de más de setenta personajes. La historia muestra un imaginario país de Oriente Medio —rico en petróleo—, cuya explotación podría recaer en China, algo que no gusta a las multinacionales estadounidenses. El jeque árabe que gobierna el país es de edad avanzada, y sus dos hijos —uno fácilmente corruptible, el otro con deseos de implantar la democracia—, pueden decantar la concesión petrolífera en una u otra dirección. La descripción de la actividad de la CIA, del trabajo de un analista de inversiones (Matt Damon), y de ciudadanos anónimos del país árabe, son otros elementos que completan el cuadro. La película está basada en la historia real de Robert Baer (George Clooney en la cinta), un agente de la CIA que pasó toda su vida trabajando en Oriente Medio. Ahora —en su compleja misión—, están implicadas dos empresas petrolíferas americanas a punto de fusionarse, pero de su trabajo dependen también las condiciones de vida de todos nosotros.

“Son muchas las personas que consultan de continuo su blackberry o smartphone, buscando el último mensaje recibido con afán de contestarlo de inmediato. Anteponiendo, por tanto, esa relación virtual a la directa que tienen con su familia, amigos y compañeros de estudios o trabajo. Dicho de otra manera, menospreciando —aunque sea de forma leve— a los presentes, cuya conversación se interrumpe o desatiende para alimentar la inmediatez del diálogo con un ausente”.


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