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Mujeres en el Cine Mexicano

Dolores del RíoLes compartimos un artículo escrito en la crónica acerca de mujeres en el Cine Mexicano.

El cine es una expresión artística que no tiene barreras de género, pero que desde su surgimiento hace más de un siglo, la presencia femenina tuvo que librar duras batallas para obtener un lugar en el ámbito de la realización cinematográfica.

A través de diversas expresiones de feminismo, como una forma de lograr la emancipación a igualdad en un entorno machista, los primeros filmes, que a su vez tuvieron que superar la barrera de ser proyectadas en espacios públicos por temor a lo poco comerciales que podían llegar a ser, fueron recibidas con una frialdad casi generalizada y múltiples objeciones por parte de la crítica cinematográfica masculina,

Muchas personas no supieron apreciar, incluso después de la década de los años 80, las producciones fílmicas que se proponían sobre diversos campos de la vida cotidiana como: la subjetividad femenina, la maternidad, las relaciones de pareja, las condiciones de explotación de la doble jornada, la irrupción en el espacio público, por mencionar algunas.

Crónica reconoce el esfuerzo de las mujeres por crear una identidad feminista en la cinematografía que inició a principios del siglo XX y que hoy en día, son reconocidas a nivel internacional.

Pioneras. María Herminia Pérez de León Avendaño (1893-1953), quien cambió su nombre a Mimí Derba en el inicio de su carrera cuando debutó como actriz en el Teatro Lírico, es considerada la primera directora mexicana. Junto al prestigiado camarógrafo Enrique Rosas, creó en 1917 Azteca Films, la primera compañía de cine de México con el propósito de que el país pudiera producir sus propias historias.

Ese mismo año, la empresa creó cinco películas, estelarizadas y escritas por Mimí Derba, y posteriormente, la reconocida actriz, dirigió La tigresa, una cinta con influencia del estilo de cine italiano de la época, que la convirtió en la primera mujer en dirigir una película en México.

A ella le siguieron otras como las hermanas Adriana y Dolores Elhers, quienes fueron las primeras en recibir el apoyo financiero por parte de la Secretaría de Gobernación, durante la presidencia de Venustiano Carranza, quien las conoció en una de sus giras por Veracruz y les otorgó una beca para estudiar fotografía en los Estudios Champlain e Boston, a su regreso con el conocimiento del manejo de la cámara cinematográfica son las encargadas de crear documentos fílmicos como Un paseo en tranvía en la ciudad de México (1920), Las pirámides de Teotihuacán (1920) y el partido de futbol Real España vs. Real Madrid (1921).

Años más tarde, la yucateca Cándida Beltrán Rendón, fue la primera mujer en dirigir un largometraje con argumento: El secreto de la abuela (1928). Filmado en la antigua Secretaría de Relaciones Exteriores, entonces ubicada en Avenida Juárez. Nueve años más tarde la actriz Adela Sequeyro, se une al selecto grupo de realizadoras con el filme La mujer de nadie, que para asombro del sector fílmico ella fue además guionista, actriz, productora y editora. Un año después también dirigió Diablillos de arrabal.

En esa época también la actriz Elena Sánchez Valenzuela también probó suerte detrás de la cámara con la película Michoacán (1936).

Época de oro. Junto con el inicio de la gloriosa época del cine nacional, surgió también la cineasta más completa hasta esa entonces conocida: Matilde Landeta, quien también escribió, editó y produjo sus propias cintas y que tuvo una formación como como guionista y asistente de dirección al lado de famosos directores, como Julio Bracho y Emilio El Indio Fernández.

En 1948 dirigió su primer largometraje, titulado Lola Casanova, por la que hipotecar su casa, debido a que ninguna productora quería financiar un proyecto al mando de una mujer, además de que su proyección fue casi nula. Lo mismo ocurrió con sus siguientes filmes La negra angustias y Trotacalles, que la dejarían sin poder dirigir alrededor de cuatro décadas.

Regresó a la silla de dirección con Nocturno a Rosario (1991), luego de varios años de ser olvidada; posteriormente fue reconocida por el gremio y recibió un Ariel, además del Premio de la Prensa Católica en el Festival de Berlín, ambos por Mejor Argumento gracias a El camino de la vida (1956).

A la historia de censura de Landeta se sumaron los casos de muchas cineastas más hasta que en 1972, Marcela Fernández Violante, incursionó en el séptimo arte con el cortometraje documental Frida Kahlo. Dirigió largometrajes como Cananea (1976), Misterio (1980) y En el país de los pies ligeros (1981), por mencionar algunos.

En la década de los 80 surgieron otras cineastas y actrices como María Elena Velasco, conocida por su personaje de “la india María”, quien dirigió filmes cómicos como El coyote emplumado (1983), Ni Chana ni Juana (1984) y Se equivocó la cigüeña (1992); inicia su carrera como asistente de dirección Dana Rotberg, quien en 1985 recibe el Premio Ariel a Mejor Cortometraje Documental por Elvira Luz Cruz, pena máxima, y en 1992 realiza su aclamada cinta Ángel de fuego, que compite a Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Chicago.

En esa misma década también surgen dos de las directoras más destacadas a nivel internacional que llevarían su carrera hasta el nuevo milenio. Primero Marissa Sistach, quien se dio a conocer con el cortometraje ¿Y si platicamos de agosto? (1980), y estuvo nominada en cinco ocasiones al Premio Ariel de las cuales ganó en 1996 por el documental La línea paterna; también fue la creadora de Perfume de violetas, nadie te oye (2000), que representó a México en los Premios Goya.

Por su parte María Novaro, la directora mexicana con más largometrajes y, a su vez, más premiada en la historia del cine mexicano en festivales internacionales como el de Berlín, La Habana, Sundance y el Ariel, entre otros. Es la creadora de filmes como Lola (1989), Danzón (1991), Otoñal (1992), El jardín del edén (1994) y Sin dejar huella (2000), por mencionar algunos.

Nacida en Costa Rica, pero formada académicamente en México Guita Schyfter, destacó en los años 80 y 90 con filmes como Novia que te vea (1993), Sucesos distantes (1994) y Las caras de la luna (2001).

Nuevas generaciones. En  los años 90 se dieron a conocer un buen número de realizadoras entre ellas Sabina Berman, quien con inclinación más teatral, codirigió Entre Pancho Villa y una mujer desnuda (1995); María del Carmen de Lara, con En el país de no pasa nada (2000) y en el nuevo milenio Mariana Chenillo (Cinco días sin Nora, 2008; Paraíso, 2013); Patricia Martínez de Velasco (Aquí entre nos, 2012); la realizadora de origen argentino Paula Markovitvh (El premio, 2011) y Patricia Riggen (La misma luna, 2007; Educando a mamá, 2012), encabezan a las nuevas realizadoras del momento.

A ellas les sumamos a más jóvenes como Daniela Schneider (Cesado, 2005); Yulene Olaizola (Paraísos artificiales, 2011) e Iria Gómez (Asalto al cine, 2011), entre muchas otras

Fuente: http://www.cronica.com.mx/notas/2014/820353.html

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